LA DINÁMICA DE DAR y RECIBIR

 

Dar y recibir, aunque nos cueste creerlo, son dos caras de la misma moneda. Dar implica recibir. Son los extremos de un circuito de energía que continuamente se retroalimenta a sí mismo. Sin embargo, pocos conocen la clave secreta que lo pone en marcha.

Dar sin esperar. Dar sin condición. Dar con alegría. Doy porque tengo, tengo porque doy. Éste es el secreto de la prosperidad.

La acción de dar implica necesariamente la acción de recibir. Cuando vivimos en modo dar, ya sea, tiempo, dinero, compañía, consuelo, servicio…, desde un corazón generoso, el universo lo percibe como abundancia y en justa correspondencia, por ley de resonancia mórfica, nos devuelve abundantes bendiciones.

Sin embargo, la mayoría de nosotros nos situamos en la vida en modo recibir. Bajo la influencia de inconscientes programas de infantiles carencias, esperamos y exigimos de los demás, de la familia, el trabajo y los amigos, recibir todo el amor y la atención que quizá nos faltó cuando éramos niños.

Si imaginamos la acción de recibir, nos apercibimos que en realidad es una falta de acción. Por ejemplo, en una relación de pareja cuando los dos están esperando recibir del otro, se mantiene el circuito bloqueado. El resultado: dos personas inactivas, esperando insatisfechas. No obstante, cuando uno empieza a dar sin condición, generosamente, sin esperar retribución, entonces se pone en marcha automáticamente la acción de recibir.

Aunque hay que tener en cuenta, que la justa retribución, no necesariamente se producirá por el mismo canal. La vida se encargará de devolver con creces todo lo entregado, no importa por dónde, cuando la acción de dar está legitimada por el verdadero amor y la satisfacción de contribuir al bienestar y la prosperidad de los demás.

Hay que tener en cuenta que esta disposición a dar no se refiere solo a los otros, sino que empieza por uno mismo/una misma. Cuántas veces nos negamos nuestros deseos por falsas ideas de escasez o falta de merecimiento. Si somos amorosos y dadivosos con nosotros mismos, ello redundará en nuestro bienestar, y sin duda, nos hará mucho más empáticos y generosos con los deseos de los demás.

Si a la luz de este conocimiento, perseveramos en esta hermosa actitud de dar sin condición, es seguro que nuestra existencia se verá retribuida con numerosas bendiciones de abundancia y prosperidad.

Mª Carmen Martínez Tomás