El poder del agua de mar

El mar, cuna de la humanidad.

Principio de la creación de la vida en la tierra.

El mar, un misterio insondable. Biblioteca viviente que encierra en la memoria de sus aguas, toda la historia de este precioso planeta. Fuente inagotable de vida, de belleza, de sanación y alegría.

El agua de mar contiene todos los elementos de la tabla periódica. Curiosamente la composición de los elementos del plasma humano es casi idéntica a la del agua del mar. Hasta tal punto, que hoy en día se utiliza el agua de mar para múltiples tratamientos, tanto por ingestión oral, como por inmersión en agua de mar caliente, talasoterapia, que han resultado ser beneficiosos para un sin número de dolencias.

El mar es el protagonista de nuestras vacaciones, cuando llega el buen tiempo, los seres humanos sentimos la imperiosa necesidad de acudir a su orilla para sumergirnos en sus aguas que actúan como un sedante para el cuerpo y un bálsamo para nuestro espíritu.

Cerca del mar el aire se encuentra muy ionizado. Su concentración de iones de carga negativa es muy alta y ello es la causa de sus múltiples beneficios para la salud. Los iones negativos forman parte de los átomos, cuando estos ganan electrones se forman los iones negativos que ejercen una influencia muy positiva sobre nuestro entorno y nuestra salud. A consecuencia de la vida en las ciudades, encerrados en hábitats cargados con exceso de electrodomésticos y aparatos eléctricos, sufrimos de un exceso de iones de carga positiva.

Los estudios realizados han demostrado que cuando el aire que respiramos tiene una excesiva carga de iones positivos, tiene efectos indeseables sobre la salud y el  estado de ánimo de los seres humanos. Por el contrario, cuanto están cargados negativamente influyen muy positivamente sobre nuestro bienestar. Tienen un efecto de equilibrio sedante, mejorando tanto el  sistema nervioso como el respiratorio y hormonal.

La sal marina que contiene el agua de mar, ejerce una profunda acción purificadora sobre nuestro cuerpo energético. Como resultado después del baño nos sentimos más libres ligeros y livianos. Más felices, relajados y alegres.

El mar nos acoge como una madre amorosa. Recuerdo atávico de nuestra presencia en el útero materno.  Si al sumergirnos bendecimos y agradecemos conscientemente todos sus beneficiosos y regalos, además de una experiencia lúdica, el contacto con el mar puede convertirse en una profunda experiencia mística de fusión con el elemento agua.

Aloha herman@s del mundo mundial.

Articulo publicado en la revista Conciencia del mes de julio