Todo es bueno, aunque parezca malo

Conversaciones con mi propia divinidad.
Lo “malo” No existe. Es experiencia.
Lo “malo como tu lo llamas, es una parte indispensable de la creación. Es parte del juego cósmico de ascensión.
La luz no puede iluminarse a si misma !No se ve¡ De echo no tiene más que hacer que ser luz en medio de la más densa oscuridad y ésta desaparece.
La luz se expande a si misma a través de la existencia de la oscuridad.
Todo lo que hay que hacer es iluminar la sombra
La sombra es el testigo de la presencia de la luz.
Según el afamado médico psiquiatra padre del Psicoanálisis, Carl Gustav Jung, la sombra es el término para designar a nuestro inconsciente.  La sombra es todo aquello que por miedo o  ignorancia, negamos en nosotros y proyectamos afuera. Generalmente a las personas de nuestro entorno familiar o laboral y/o a las instituciones políticas o religiosas a las que hacemos responsables de nuestra íntima insatisfacción.

Esta proyección del inconsciente es la oculta causa de la mayoría de los problemas que debemos enfrentar en nuestro día a día, con especial impacto en nuestras relaciones con el prójimo.

Tenemos miedo a la sombra porque todos queremos ser buenas personas. Perfectos esposos o esposas, maridos, hijos o hijas, modelos para la familia, la sociedad y el mundo, por ello rechazamos en nosotros todo aquello que no se ajusta al modelo de perfección que se nos ha impuesto desde nuestra más tierna infancia.

Los seres humanos somos un complejo entramado bioenergético, que se expresa en múltiples niveles de consciencia y energía, embarcados en un viaje de aprendizaje y descubrimiento que no conoce límites. De manera que nuestro inconsciente es una auténtica caja de Pandora, un pozo sin fondo preñado de sorpresas que no siempre son agradables, aunque también entraña valiosos regalos.

Cuando nos dedicamos a bucear en nuestro vasto inconsciente descubrimos que no somos las buenas personas que nuestro ego nos quiere hacer creer y defiende con encono… Nos damos cuenta, no sin pesar, que tenemos los mismos defectos y  emociones humanas que juzgamos en los demás.

Si somos sinceros con nosotros mismos veremos con horror que la mayoría de reclamos que hacemos a nuestros seres queridos, a la sociedad y al mundo nacen de la impotencia de contemplar, sin los anteojos del ego, nuestras propias carencias y limitaciones.

Hay que ser valiente y llenarse de ternura y compasión por uno mism@ para enfrentar nuestras miserias. Un ejercicio de introspección como este sin embargo encierra una gran recompensa, renacemos a la verdad de quién somos y esta aceptación nos libera para sentirnos en unidad, como parte de la humanidad que reconoce sus fallos, no para culpar o criticar… simplemente para perdonar y sanar.

Al iluminar la sombra, la luz de nuestro verdadero Ser empieza a brillar con tal intensidad que ilumina nuestra vida en su totalidad, a los demás y al mundo.

 
Aloha herman@s del mundo mundial